Extraños ronquidos
Me despiertan unos extraños ronquidos que no cesan.
Abro los ojos y me encuentro tumbada en cama ajena y acompañada de una especie de hombre-mono con nariz infernalmente infinita y pelo infinitamente escaso.
Intento recordar como he llegado hasta este lugar pero entre mis recuerdos solo encuentro varias copas de whisky y un par de cigarrillos.
Me levanto sin apenas hacer ruido mientras el antiestético ser humano sigue roncando cada vez con más fuerza.
Le miro detenidamente y su expresión me es familiar pero no lo conozco.
Su cuerpo está cubierto de una espesa capa de repugnantes pelos y calculo (sin calculadora) que sus calzoncillos han sobrevivido a 4506 centrifugados.
Busco mi ropa para salir corriendo pero no la encuentro y me miro en el espejo de la habitación donde descubro, para mi sorpresa, que soy igual de vieja que el abuelo que yace sobre la cama.
Miro el reloj: son las ocho. Vuelvo a la cama y, de un codazo, despierto a mi marido que me mira, cierra los ojos y ... sigue roncando, para mayor frustración mía.
Abro los ojos y me encuentro tumbada en cama ajena y acompañada de una especie de hombre-mono con nariz infernalmente infinita y pelo infinitamente escaso.
Intento recordar como he llegado hasta este lugar pero entre mis recuerdos solo encuentro varias copas de whisky y un par de cigarrillos.
Me levanto sin apenas hacer ruido mientras el antiestético ser humano sigue roncando cada vez con más fuerza.
Le miro detenidamente y su expresión me es familiar pero no lo conozco.
Su cuerpo está cubierto de una espesa capa de repugnantes pelos y calculo (sin calculadora) que sus calzoncillos han sobrevivido a 4506 centrifugados.
Busco mi ropa para salir corriendo pero no la encuentro y me miro en el espejo de la habitación donde descubro, para mi sorpresa, que soy igual de vieja que el abuelo que yace sobre la cama.
Miro el reloj: son las ocho. Vuelvo a la cama y, de un codazo, despierto a mi marido que me mira, cierra los ojos y ... sigue roncando, para mayor frustración mía.

